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Cecil Donovan

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Cecil Donovan

Mensaje por Cecil Donovan el Vie Ene 09, 2015 6:45 pm

◘Nombre: Cecil

◘Apellido: Donovan

◘Edad: 19 Años (16 aparentes)

◘Estrato Social: Trabajador sexual

◘Ocupación: Prostituto en El Loto Carmesí

◘Inclinación Sexual: Pansexual, suke

◘Descripción Psicológica:

De todas las herramientas a su disposición, de la que más se vale Cecil es de la apariencia, pues para pasar desapercibido entre los mortales debe prestar especial cuidado a la forma en la que lo perciben. Como un actor, prepara al personaje que debe interpretar, en este caso estudiando a los humanos para ser capaz de imitarles; entrena la voz, practica los gestos, todo al detalle con el fin de hacer olvidar al público que la fantasía que ha elaborado para ellos es solamente una ilusión. Aislado de los focos, se refugia en las sombras y examina los rostros, descifra los pensamientos, aprende. Entonces conoce sus necesidades, sabe de qué modo encarnar esos deseos. Y así, una vez sale a escena, resplandece, los seduce, y nadie es capaz de ver al monstruo que los vigila desde lo profundo de sus ojos, porque todos están demasiado fascinados por la belleza del disfraz como para percibir el peligro.
Cecil es un cazador astuto y retorcido, atrae a sus presas embaucándolas con palabras y espejismos, juega con ellas, y sólo cuando es demasiado tarde para escapar de sus redes les muestra la verdad que hay tras la máscara.

Transformado a una edad en la que empezaba a desarrollar una identidad propia, no es alguien emocionalmente equilibrado. De tendencia egoísta y caprichosa, es un joven poco convencional y aún menos obediente. En su actitud hay un gran espectro de reacciones que lo convierten en nada predecible, inestable, dominante y provocador. La vida de Cecil se congeló en un punto en el que tenía que dejar de ser un niño para aprender lo que era ser hombre, y ahora no es ni una cosa ni la otra. Camina por el mundo de los adultos pero su mente todavía es inmadura, ve la vida casi como un juego y la finalidad de todo lo que hace es su propio placer. Engaña porque es divertido, seduce a la gente porque quiere sentirse amado y somete a quien puede porque le gusta ganar. Los métodos de los que se vale son esos porque son los que más satisfacción le aportan, porque es una forma bella de hacer las cosas, como si las elevara a la categoría de arte.

Con un humor tan cambiante es difícil saber con certeza qué esperar de él. En un rato puede ser como un chiquillo travieso y alegre que solamente quiere ser el centro de atención, mostrarse atento y dependiente de la persona que le interesa, para al cabo del tiempo despreciarle como si fuera un insecto. Cecil se aburre rápido de todo y de todos, quizá porque es tan absorbente y exige tanto que ya no le queda nada por descubrir.

Tener el control es casi una necesidad, pero hay ocasiones en las que lo inteligente es permanecer en un segundo plano, manipulando los acontecimientos a espaldas de los demás. Cecil puede ser paciente y ceder mientras esté convencido de que al final será él quien se salga con la suya. Demasiado confiado de sus capacidades, a veces se convierte en un defecto que le impide ver la realidad; por muy bueno que sea, siempre habrá otros que le lleven ventaja y se conozcan todos los trucos, y estos sujetos pueden desbaratar los planes del vampiro o divertirse a su costa antes de darle una lección sin que él apenas lo sospeche.

Se considera a sí mismo un espíritu libre; puede adaptarse temporalmente a un lugar y acatar unas normas, pero nunca podrán domar su carácter ni ponerle ataduras. Por esto mismo no puede evitar de vez en cuando dar pequeñas señales de rebeldía o mostrarse desafiante cuando alguien es demasiado autoritario con él. No obstante, no siempre presenta una amenaza, aunque siempre hay que tener cuidado con él y no darle demasiada ventaja, porque es un confianzudo e interpretará que tiene carta blanca para actuar como quiera. Puede ser leal y cariñoso con aquellos con los que establece un vínculo especial, y aunque siga comportándose de manera consentida nunca les dañaría gravemente. A su modo particular, dominante y celoso, vela por el bienestar de sus seres queridos y los defiende sin preocuparle las consecuencias.
Impulsivo y temerario, a veces olvida por completo su papel. Por mucho que le guste mantener el control, en ocasiones las emociones que experimenta son tan fuertes que le desbordan y actúa en base a lo que siente. Es muy pasional, tanto en el odio como en el amor, hasta el punto de dejarse llevar y no pensar claramente.

Aprender a manejar a alguien como él no es sencillo. La clave está en dejarle su espacio para que no se sienta presionado, comprenderle y amarle tal como es, pero ser firme llegado el momento para que aprenda a respetar los límites.

◘Descripción física:

El aspecto delicado de este joven a menudo lleva a confusiones sobre su género y edad real, y es que Cecil, quien ya contaba con cierta gracia de nacimiento, vio incrementado su atractivo tras obtener la inmortalidad, como si el ritual de sangre, muerte y resurrección hubiera pulido las imperfecciones del humano que era para transformarlo en una versión superior de sí mismo.
Su peso es casi tan liviano como el de un niño, al igual que sus rasgos parecen haberse quedado atrapados en la transición de la adolescencia, dando lugar a un cuerpo de atributos claramente masculinos, pero todavía tierno, que no se ha terminado de desarrollar. Tiene la piel de un tono sonrosado claro, suave y tersa como la de una doncella, libre de marcas, que da la falsa impresión de no haber sido tocada antes, cuando en la práctica ha sido recorrida por varias manos y bocas sin ninguna limitación. Las pasiones dejan fácilmente su impronta en ese cutis de terciopelo, pero no por mucho; no hay cicatriz capaz de atestiguar cuántas veces ha sido golpeado o querido.

Su belleza, además de ambigua, resulta de una pureza sobrenatural, lo que en realidad no es otra cosa que parte del magnetismo que ejercen los vampiros sobre sus víctimas. Uno puede quedar deslumbrado por su aspecto, dejarse embaucar por su forma de moverse, hablar y mirar, pero en todo ese juego de seducción siempre habrá una pequeña nota de advertencia, como si al coquetear con el joven se estuviera tentando al peligro.

El rostro de Cecil resulta irónicamente angelical, quizá con ese pequeño toque siniestro de las muñecas de porcelana, viéndose adorable e inquietante al mismo tiempo. Y es que sus rasgos son dulces, sí, pero tan bien esculpidos, tan impecables, que dejan la sensación de que algo en esa perfección no termina de ser natural. Además están sus ojos, grandes y de un color granate intenso, que suelen mirarte fijamente y dejan entrever sus verdaderos pensamientos, expresivos al igual que su boca, tan capaz de sonreír cálidamente en un instante como de volverse mezquina al siguiente.

Otra característica llamativa es su cabello, blanco y ligeramente ondulado, de un largo que apenas algunos mechones alcanzan a rozar sus hombros. Por más que lo cepille siempre queda algo revuelto, como si la brisa constantemente estuviera jugando a despeinarle.

Por lo demás, su voz melodiosa y bien modulada, además de su estudiado lenguaje corporal, lo convierten en alguien que rápidamente atrae la atención de la persona con la que se encuentre hablando, transmitiendo bien las impresiones que quiere hacerle llegar.

◘Historia:

Se suele hablar de Waterford como de la "ciudad más antigua de Irlanda" y sus orígenes se remontan hasta la llegada de los vikingos. Una tierra ligada a las antiguas tradiciones paganas a pesar de practicar mecánicamente los ritos cristianos, repleta de leyendas trágicas y oscuras. Historias que hablaban de dioses y guerras, de lugares encantados y criaturas fantásticas. Todo el mundo en Waterford crecía escuchando esos cuentos y no eran pocos los supersticiosos que creían en su contenido. Dermot O'Donovan era un joven imaginativo que, influenciado por las historias que había escuchado desde pequeño, decidió convertirse en escritor. Sin embargo, sus obras no eran lo suficientemente atractivas para el público y se veía obligado a realizar otros trabajos para no morir de hambre. Cuando terminaba la jornada iba a la taberna de la villa, esperando encontrar forasteros con relatos interesantes de sus viajes. Fue una de esas noches en las que Dermot escuchó de la existencia de una misteriosa mujer que dotaba de inspiración a los hombres, volviéndolos talentosos músicos y escritores. Decían que en realidad era un hada que convertía a estos artistas en sus amantes y decidía compartir con ellos su creatividad y su magia. Desde entonces eran capaces de concebir obras de una belleza y perfección más allá de la destreza humana.
El joven O'Donovan no se lo pensó un momento y, tras reunir sus pocas pertenencias de valor, se lanzó al camino en busca de su musa.

Casi había pasado todo el otoño errando en busca de aquel sueño, alentado por los rumores que esporádicamente escuchaba en las posadas, hasta que la encontró. Era incluso más hermosa de lo que la habían descrito las pocas personas que habían llegado a verla. Esbelta, de abundantes cabellos dorados y unos ojos tan azules que dejarían sin respiración hasta al hombre más indiferente. Iba vestida elegantemente y parecía brillar con luz propia entre la multitud. Dermot se acercó sin saber qué decir, como embrujado por su belleza, pero en cuanto estuvo delante de la mujer, ella ya parecía saber qué iba a pedirle. Le preguntó cómo de grande y sincero era su deseo, cuánto estaría dispuesto a pagar por su ayuda. Sin pensárselo, respondió: "Todo".
Con una misteriosa sonrisa, la mujer le pidió que la siguiera.

Leana, que era como se hacía llamar, cumplió con eficacia su papel de maestra, y tal y como decían las leyendas, también lo convirtió en su amante. Y aunque en todo ese tiempo Dermot nunca la vio usar magia como tal, su sola presencia le llenaba de una actividad frenética y provechosa; era como si de la nada emergieran las ideas y alguien colocara en su mente las palabras precisas que debía emplear para darles forma. Al terminar la obra en la que estaba trabajando, ni él mismo podía creer que alguien hubiera sido capaz de escribir algo así, y menos él. El editor al que le había presentado una copia aceptó publicarla al haber leído apenas las primeras páginas. Corriendo de vuelta a su estudio para darle la buena noticia a Leana, tan solo encontró una carta de despedida que no decía mucho, pero en la que prometía que se volverían a ver.

El escritor vio cumplido su deseo de éxito, pero era infeliz. El dinero, el reconocimiento y el calor de otras mujeres no eran suficiente para calmar su soledad. Leana era todo lo que llenaba sus pensamientos, pero por más que la buscó no pudo encontrarla. Con los años se casó con una mujer llamada Maeve. Era bonita, delicada y atenta, pero la razón por la que Dermot la había escogido como esposa era porque tenía cierto parecido físico con la misteriosa mujer por la que vivía obsesionado. Así, compró una casa y tuvo varios hijos con aquella pobre sustituta de su verdadero amor, incapaz de sentirse satisfecho a pesar de todo lo que tenía.
Finalmente Leana volvió. De alguna manera, supo dónde encontrarlo. Medio dormido, Dermot creyó que se trataba de otro de sus sueños cuando la vio caminar hasta su cama y se sentó a su lado. Con la misma sonrisa que le había dedicado la noche en la que se habían conocido, Leana desgarró la garganta del hombre con sus afiladas uñas y lo abandonó para que muriera desangrado mientras iba a alimentarse de su familia. Acabó con la vida de toda la casa, incluída la sirvienta. Mató con el mismo desprecio que había usado en O'Donovan a la triste imitación de sí misma con la que el hombre había intentado olvidarla, y bebió de sus hijos hasta que se sació. Cuando no tuvo más sed los despertó y dejó que corrieran asustados para luego atraparlos y romperles el cuello, sólo por diversión. Pero hubo alguien en esa casa que escapó del destino que habían sufrido el resto de sus habitantes. El hijo más pequeño, Cecil, dormía apaciblemente sin que los chillidos hubieran logrado despertarle. Leana se agachó junto a su camita y lo observó, curiosa. Era delicado y bonito, igualito a su madre. También se parecía a ella. Siendo extremadamente cuidadosa, lo tomó en brazos y lo sacó de allí, canturreando una nana mientras pasaba de largo los cadáveres todavía calientes de toda la familia O'Donovan.

Leana se había llevado al niño por simple capricho, como si fuera un juguete o un complemento. Le gustaba pasearse por las calles con él de la mano, comprarle ropa tan elegante como la suya y cepillarle el cabello. También la invadía cierto sentimiento de orgullo cuando escuchaba los comentarios de la gente, que debido al parecido entre ambos pensaban que era su hijo. Para ella, Cecil era solamente un objeto que quedaba bien a su lado. Lo trataba bien, no obstante, y le procuró una buena educación, porque le gustaba escuchar halagos sobre lo inteligente y talentoso que era el pequeño. A medida que crecía, y guiado por las enseñanzas de la mujer, Cecil demostró tener verdadero talento y encanto natural, lo que hizo que Leana reconociera sus cualidades y empezara verle gradualmente como algo más que una mascota.

Cecil supo de la naturaleza de Leana y de lo que había ocurrido con su familia desde el primer día, y aunque al principio estaba aterrado acabó viéndolo con normalidad. Leana se lo había llevado siendo bastante pequeño, y como todo niño, Cecil se adaptó para poder sobrevivir. Con el tiempo aceptó lo que ocurría como algo natural. La muerte no era algo ajeno y aterrador, sino una condición que alcanzaba tarde o temprano a todo ser vivo. Sabía que Leana era diferente a los humanos y que eso era un secreto que no podía contarle a nadie. La veía alimentarse de sus víctimas con más curiosidad que miedo, y en las ocasiones que ella tomaba un poco de su sangre, se sentía especial. Para cuando el chico cumplió trece años, apenas recordaba algo de su vida anterior. La vampiresa era su familia, su amiga, su maestra. Viajaban constantemente, siempre tenía algo que hacer o que aprender. Nunca envidió a los otros chicos de su edad ni le seducía una vida normal. Al lado de Leana, todo era divertido y emocionante.

La relación entre los dos fue volviéndose más estrecha a medida que el chico se iba convirtiendo en un apuesto joven. Ajena a los tabúes morales de los humanos, Leana le descubrió los placeres de la carne en cuanto él empezó a sentir curiosidad. Primero le enseñó ella misma, tal y como le había instruído antes en otras materias, y luego le dio a conocer diferentes experiencias con hombres y mujeres, permitiéndole que explorara abiertamiente sus gustos.

Todo iba tan bien entre ellos que finalmente Leana acabó cediendo ante la insistencia de Cecil y aceptó regalarle el Don Oscuro, convirtiéndolo en vampiro al cumplir él los dieciséis años. Un nuevo mundo se había abierto para los dos, pues el joven se maravilló ante las posibilidades que le brindaban sus sentidos agudizados al mismo tiempo que Leana, por primera vez, tenía un compañero a su altura, capaz de ver y comprender las cosas bajo el mismo punto de vista.
Durante algo más de dos años, la pareja hizo de las suyas, aprovechando la época de hambruna de Irlanda y la migración para cazar a los pobres humanos sin levantar sospechas. Descubrieron que no eran los únicos vampiros beneficiándose de la situación, y al poco tiempo establecieron contacto con un nido y acabaron viajando juntos hacia Inglaterra. Al principio fue divertido, pero Cecil pronto se aburrió de la compañía, a diferencia de Leana, lo que provocó discusiones entre ambos. El joven se había ido volviendo más independiente desde que obtuvo el Don, ya no era aquel niño sin voluntad que existía solamente para complacer a su maestra. La relación entre ambos se volvía cada vez más tensa y Cecil finalmente decidió que era hora de abandonar el nido, marchándose por su cuenta. Recorrió distintos lugares de Inglaterra, conociendo a toda clase de gente. Ya había visto en las mentes de algunos viajeros imágenes de un lugar llamado la Villa de Rose, e impulsado por esos recuerdos que había curioseado, decidió ir. No supo definir qué tenía ese lugar, pero se sentía atraído por él. Estuvo cerca de una semana hospedándose en un cuarto de la posada y paseando durante las noches por sus calles, hasta que en una de ellas dio a parar al burdel de la villa, El Loto Carmesí. No tenía suficiente dinero encima como para pagar la compañía de nadie de allí dentro, pero igualmente entró a echar un vistazo. Como ya el aspecto del negocio hacía sospechar, todo allí era de gran calidad, desde la decoración hasta la ropa que llevaban los trabajadores, por no hablar del gran atractivo de las cortesanas y los jóvenes de compañía que alcanzó a ver. Pero quien mayor impresión le causó fue un hombre de cabello oscuro que vestía unas ropas exquisitas que no hacían sino resaltar su buen parecido. Cecil se lo quedó mirando realmente sorprendido hasta que lo perdió de vista, sin percatarse de que uno de los trabajadores se le había acercado, quizá pensando que era un cliente. Al reaccionar, preguntó por aquella persona y así fue como descubrió que era el señor Rumiel, el propietario del local. El vampiro sentía casi como una necesidad hablar con él, pero si no tenía dinero para contratar los servicios de cualquier trabajador de la casa, menos para alguien de tal importancia, así que dejándose llevar simplemente dijo lo primero que se le pasó por la cabeza, que había ido a buscar trabajo. Quedó en que volvería para una entrevista y se marchó, observando todo con más detalle de camino a la salida. En cuanto estuvo solo tuvo tiempo para pensar de manera más calmada y pensó que no era una idea tan descabellada trabajar en aquel lugar. Era la clase de ambiente en el que se sentiría cómodo y se veía capaz de cumplir con lo que se esperaba de él, aunque nunca hubiera trabajado en su vida.
Ya en la calle, Cecil miró hacia atrás y esbozó una discreta sonrisa, pensando en lo interesante que podía acabar siendo aquella villa.

◘ Gustos:

Cecil diría que nació para estar rodeado de lujos, comodidades y talento. Disfruta interactuando con aquellas personas con las que se siente identificado en algún aspecto, o recibiendo un trato especial. Aunque es sociable, también valora tener un momento para sí mismo en el que poder contemplar las flores, jugar en la nieve o bajo la lluvia y estremecerse con la violencia con la que se desata una tormenta.

Sabe tocar con maestría varios instrumentos y compone sus propias piezas; si ha tenido un buen día se le puede ver cantando o bailando sin importar dónde se encuentre. Cuando le es posible asiste al teatro, ya que es muy aficionado a la ópera, los conciertos y a la mayoría de representaciones escénicas.
Le gusta la ropa elegante y tradicional, al igual que los accesorios que insinúan refinamiento y calidad. En realidad, todo lo que transmita belleza es de su agrado, y esta regla puede aplicarse tanto a objetos materiales como a las personas, la música y las proyecciones sensibles que puedan captarse a través de la lectura o el arte.

Debido a que es un ser de naturaleza curiosa, no desperdicia la oportunidad de viajar a otros lugares y conocer sus costumbres, aunque lo que más le fascina es la gente. Si Cecil descubre a un sujeto interesante es capaz de perseguirle de manera insistente para descubrir todo sobre él. Asimismo, quiere ser correspondido cuando alguien le atrae.
Le agrada intimar con los demás, tanto emocionalmente como de manera física, incluyendo el sexo. Valora mucho la complicidad, los secretos y la lealtad, ya sea entre amigos o amantes.

Sin duda, el más llamativo de sus entretenimientos es que de vez en cuando se le antoja ir a la Iglesia, pasear dentro de sus muros y contemplar los iconos sagrados. Incluso en alguna ocasión ha asistido a misa.

◘Odios:

Cecil no se conforma con vivir tranquilo, siempre debe haber alguna novedad o emoción en su día o de lo contrario se aburre, y aburrido resulta insoportable. Le irrita tener que dedicarse siempre a las mismas tareas, relacionarse con personas que no tienen nada que aportar. En rasgos generales, le disgusta profundamente la mediocridad.
Es posesivo y egoísta, por eso no soporta que toquen sus cosas o no poder obtener aquello que desea. Tampoco se toma a bien ser ignorado, que lo menosprecien o no poder salirse con la suya.

Los sonidos molestos lo alteran, se sobresalta al escuchar un disparo y pone mala cara ante los ladridos de los perros. Un poco quisquilloso, no tolera la suciedad, los malos olores ni las personas que descuidan su imagen. Considera de muy mal gusto la falta de puntualidad y no olvida los desplantes fácilmente.

Si bien le incomoda que le pongan ataduras, también le desagrada la soledad. Lo mejor es dejar que sea él quien decida el rumbo que toma la relación, pues no se siente especialmente seguro dejando que sea otro el que tome el control de las cosas.

◘Habilidades:

-Como todo vampiro, es inmune a las enfermedades y el paso del tiempo, además de poseer una capacidad regenerativa muy superior a la de un mortal.

-Hipnosis: Puede someter la mente de otros a sus deseos, aunque los efectos dependen de la raza y la entereza del sujeto en cuestión. Sería capaz de inducir al sueño a un humano desprevenido, anular o controlar su voluntad por un tiempo limitado e influenciar sus pensamientos, mientras que con un ser sobrenatural solamente podría alterar sus estados de ánimo o tratar de manipularle emocionalmente para que actúe de un determinado modo.
Aquellos con una gran resistencia podrían liberarse fácilmente de los efectos o ser prácticamente inmunes a éstos.

-Telequinesis: Mueve objetos, con mayor o menor eficacia dependiendo de su tamaño. También puede emplear esta capacidad para dificultar el avance de alguien o ralentizar su velocidad de caída.

-Velocidad y fuerza aumentadas.

-Percepciones mejoradas: Además de tener un oído, un olfato y una vista agudizados, es capaz de ver auras, el pasado de un objeto o un lugar e incluso tener una lectura limitada de los pensamientos de otra persona.

◘Debilidades:

-Apenas puede permanecer unas pocas horas expuesto a la luz solar, y bajo ella es incapaz de usar sus poderes, además de que sus fuerzas están muy limitadas. Una exposición prolongada podría causarle graves quemaduras e incluso acabar con su vida.

-No puede entrar a ciertos sitios si no es invitado o si el propietario le prohíbe la entrada. Por ejemplo, sería incapaz de acceder a la casa de alguien si no tiene permiso, o ya no podría hacerlo en algún local en el que le hayan negado la admisión.

-Necesita descansar la mente y el cuerpo con frecuencia, ya sea mediante el sueño o la meditación, o su rendimiento descenderá y sufrirá un desgaste tanto físico como psicológico.

-Símbolos de fe: Por sí mismos, no le afectan. Incluso es capaz de entrar a una iglesia o tocar un crucifijo, aunque ello le haga sentirse inquieto. Pero si una persona creyente lo ataca con símbolos de su religión, puede espantarle, debilitarle e incluso herirle.

-Una estaca de madera clavada en el corazón lo paralizará hasta que sea extraída.

-El modo más eficaz de matarle es decapitarlo, arrancarle el corazón y luego quemarlo. También es útil quemar todo su cuerpo y esparcir las cenizas.

-Si no bebe sangre de manera habitual, enfermará. No moriría por pasar mucho tiempo sin hacerlo, pero la sed lo enloquecería y podría llevarlo a querer suicidarse o quedar reducido a poco más que una bestia salvaje.

-Si por un tiempo ha sido frecuente el consumo de sangre de demonio, interrumpirlo bruscamente puede crearle síndrome de abstinencia.

-Usar sus poderes mentales conlleva un gran desgaste mental, por lo que necesita estar descansado para ello.

-La plata, si ha sido consagrada antes por un sacerdote, le quema al entrar en contacto con su piel.

-Puede ingerir alimentos humanos, pero en su mayoría su cuerpo los rechaza al cabo de un rato y los vomita, llegando a pasar todo un día enfermo por haber tenido que participar en un banquete.

◘Datos extras:

-No puede esconder su naturaleza de los animales. Los caballos y los perros suelen sentirse inquietos ante su presencia, mientras que tiene más afinidad con los gatos y otras criaturas nocturnas.

-De los instrumentos musicales que sabe tocar, siente predilección por el piano y el violín.

-Es capaz de memorizar a la perfección algo que haya leído en el momento, pero si no le interesa al poco tiempo lo olvida completamente.

-Si bien la comida humana suele caerle mal, posee una mayor tolerancia hacia las bebidas, especialmente si son alcohólicas o infusiones.

-Tiene facilidad para memorizar sonidos y reproducirlos, al igual que se le da bien imitar los gestos de otra persona.

-Usa el apellido de su familia para los registros, con una pequeña variación (O'Donovan = Donovan).

◘Imagen del personaje:

Imágenes:
I | II | III

ΩNombre Real del personaje: Orpheus
ΩSerie: Reine des Fleurs

Sólo tú y yo sabemos lo que ignora la gente al cambiar un saludo ceremonioso y frío, porque nadie sospecha que es falso tu desvío, ni cuánto amor esconde mi gesto indiferente...
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Re: Cecil Donovan

Mensaje por Rumiel el Dom Ene 11, 2015 11:22 am




Lo que siento cuando estás conmigo...
¿Puedo llamarlo amor?
Solo sé que ésta mente, éste corazón, siempre quieren protegerte.
Estaré junto a ti,
Hasta el fin."
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